La política, el estado y la transformación digital en tiempos de caos y de IA.

Javier Espinoza Gajardo

Académico CEDET, Gestión Pública, FAE, USACH.

El pensar la modernización del estado restringiendo la discusión casi exclusivamente respecto del tamaño del estado, de la “grasa” que este puede tener o meramente a la eficiencia es pensar en un estado del siglo XX y no del siglo XXI. Visión anacrónica e ideologizada incapaz de situarse en la complejidad del mundo actual

La modernización del estado es tecnología, es IA, es transformación digital, digitalización, enfoque de procesos, infraestructura tecnológica, servicios de calidad, probidad y un largo etcétera, que aún no pensamos ni visualizamos. 

Por desgracia los verdaderos dueños de esto no somos los ciudadanos, los electores… son señores que no conocen ni les interesan las reglas de los sistemas políticos ni de la democracia. Y ahí precisamente está el desafío de todo sistema político y de las democracias liberales.

Desde la “sorpresa” del Brexit hemos venido asistiendo a un verdadero show de los grandes dictadores tecnológicos que han salido de bastidores para revelarse casi como guías espirituales.

La destrucción de la política, el desprecio de la democracia, el autoritarismo y el afán del control total por medio de las herramientas digitales ha sido el camino elegido por estos “señores de la guerra”.  El libro “la Hora de los depredadores” del italiano Giulano da Empoli, es un buen escrito de cómo se mueven los hilos en el gran mundo en estos tiempos y del papel de los dueños tecnológicos.

Manejan todo, redes sociales, plataformas tecnológicas, bases de datos, poder, dinero, influencia lo que se les ocurra, ellos están detrás, verdaderos dictadores tecnológicos.

No aceptan control, no aceptan limitaciones a su poder e influencia, solo aceptan ganancias y acumular más poder. La lucha por las cortapisas impuestas por la Unión Europea son el mejor ejemplo.

El Brexit demostró como el uso de herramientas tecnológicas podía cambiar el curso de lo que era un plebiscito prácticamente ganado. Europa y sobre todo el Reino Unido, han sufrido las consecuencias de la desinformación y del manejo oscuro de bases de datos, georeferencia y otras herramientas utilizadas en el campo político.

Esto solo fue el ensayo para lo que vendría después. La primera elección de Trump, demostró que el uso de la tecnología podía incluso cambiar los resultados de una de las democracias más poderosas y estable.

Hoy, nuevamente vemos no solo como cambian resultados, sino como ayudan a destruir con desinformación nuestras instituciones democráticas. Nuestras débiles democracias, básicamente no han tenido cómo defenderse ante señores feudales de la tecnología que desprecian la democracia liberal, sus instituciones, valores y principios.

Sí, digámoslo con todas sus letras… estos señores no quieren la democracia y usan todos los instrumentos a disposición para debilitarla, destruirla. No seamos ilusos.

El uso de IA, la transformación digital y otros trae aparejada cuestionamientos éticos, pero para estos señores, sus seguidores y quienes se aprovechan de estas herramientas, eso está fuera de su radar y de sus lineamientos y guías, ni por asomo está en alguna consideración. Las personas somos apenas unos peones en un juego de poder más allá del alcance de nuestra imaginación.

Ni la ética, ni la moral son conceptos que estos autócratas tengan presentes.

Y aun así seguimos avanzando. No hay democratización de la información en tiempos en que nunca como antes tuvimos tanta información disponible (ni tanta desinformación, fake news o derechamente mentiras). Todo esto es usado políticamente para desde los gritos y los exabruptos de redes sociales, (quien grita o enloda más a otro es más fuerte), destruir al enemigo. Sí, no son adversarios políticos, son enemigos a los cuales hay que destruir, cancelarlos.

Todos entregados al poder de las redes y los algoritmos. Influencers, que nadie sabe cómo se financian, pero que se dan el lujo de vanagloriarse de sus bienes ganados con el esfuerzo de sus frentes, también. Que son críticos a los feriados irrenunciables, o a los impuestos, tildan a otros de flojos directa o indirectamente por querer menos horas de trabajo o días feriados para descansar leer, pensar o pasar con las familias… claro, si no tenemos claridad de su financiamiento, tampoco sabremos  siquiera si declaran impuestos; si no sabemos sus financistas, que los orientan para desinformar, tampoco sabemos cómo acceden a esos bienes de lujo; sabemos que son elevados ficticiamente y de la nada a la farándula, a programas de la tv abierta, básicamente porque tienen miles de seguidores en sus redes. ¿Cuántos de esos serán bots? ¿Cuántos de esos son reales seguidores? Cuantos de esos son financiados o armados desde intereses que desconocemos para desviar la atención o para instalar temas que en definitiva no hacen otra cosa más que desinformar. 

Sabemos que mientras menos tiempo para el ocio, la cultura (tan despreciada por estos autócratas), la familia, menos tiempo habrá para pensar y por lo mismo, para cuestionar las estructuras y el poder o para como decían los antiguos griegos, para dedicarse a los temas de la polis.

Y la estructura política institucional de nuestra democracia, cada día más debilitada por estos elementos y por las propias deficiencias de un sistema más formal que real. De una democracia más centrada en los procedimientos que en resolver los nudos de la gente de a pie.

Y la política, bueno, la política y los políticos cada día más alejados de la realidad y sin respuesta coherente a un mundo cambiante, que no entienden ni entenderán. Política, partidos políticos, centros de estudios, de “pensamiento”, academia, llenos de analfabetos digitales que con suerte alguna vez usaron Facebook como instrumento de campaña y ahora se entregan a estos creadores de contenido que les manejan las herramientas digitales como “nuevos” instrumentos de campaña. Los antiguos métodos de publicidad política, de marketing política fracasaron y seguirán fracasando mientras no entiendan los nuevos medios y métodos de esta revolución tecnológica digital.

Las TI, el uso de la tecnología no es mala en sí misma. Tampoco se trata de demonizar a los avances tecnológicos que nos pueden traer una sustantiva mejorara en la calidad de vida de las personas y una serie de beneficios al facilitarnos la vida.

Sin embargo, sin cortapisas éticas, ni control real sobre estos personajes y su influencia, está claro que cada día será más difícil sostener una democracia que procedimentalmente puede ser muy estable, pero que está siendo horadada fuertemente desde dentro y que es carente de respuestas y soluciones a problemas cotidianos. Absoluta y totalmente necesaria una buena ley de datos personales que responda a la problemática actual.

Líderes populistas de distintas partes del mundo se aprovechan de sus aliados promotores digitales. Los dueños de las grandes plataformas tienen sus intereses y harán todo lo posible para no perder ni poder ni influencia ni riqueza. Por eso, ensalzan a líderes autoritarios, a populistas, a demagogos que les permitan seguir con sus negocios sin que el poder político en realidad se entrometa o les ponga algún coto o algún tipo de control; es más, son estos autócratas tecnológicos, quienes colonalizan la política (parafraseando a  Luhmann) y la usan como un juguete para sus propios intereses, 

Ejemplos de estos sobran en nuestros tiempos, cada uno podría hacer una larga lista de ellos, más cercanos o más lejanos, pero lo más preocupante es que la política tradicional, la política basada en pensamientos filosóficos, doctrinarios, ha caído, ha dejado de dar respuesta a esto, No porque no pueda tener una respuesta, sino porque no tiene hoy la capacidad de esbozar una respuesta coherente ante tanta incoherencia, preocupados más de sus propios nepotismos y clientelismos, que de tratar de entender este mundo cambiante. Y el resultado es la incapacidad del sistema político a establecer límites y peor aún, solo quedarse en discursos mientras las personas sufren un aumento del desencanto por un sistema político y una democracia formal, finalmente votando por líderes autoritarios, autócratas que le ofrecen mano dura, soluciones fáciles que en realidad no son soluciones…. Se termina votando por el mal menor.

¿Quién gana en realidad?

No los ciudadanos, no la democracia.

El mundo hoy parece estar dominado por el caos de redes ocultas, de líderes que manejan el mundo a gritos, bravuconadas, a base de amenazas, dividiendo entre buenos (sus plebeyos seguidores) y malos (quienes osan criticarlos). Sin embargo, este caos no es tan caos, los algoritmos, las bases de datos, la IA son instrumentos usados por quienes en realidad quieren dominar el mundo y que en apariencia intencionalmente la hacen aparecer como caótica.

Hoy más que respuestas parece necesario encontrar las preguntas adecuadas para poder orientar alguna salida, para visualizar hacia donde y cómo seguir en este contexto donde el poder ya no lo tienen los estados y menos los estados como los conocimos antes  y después de la guerra fría.

 La data, la gran big data es más valiosa que el petróleo, pero solo algunos la dominan, y el resto… el resto somos peones de un juego que no acabamos de entender.

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